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El 4 de julio de 2000 fallece su esposo, luego de una larga y penosa enfermedad, al cual acompañó en todo momento a pesar de sus serios problemas de salud.
Supo siempre conciliar su deber de estado con su total consagración al Señor, armonía que fue fruto de sus propias renuncias y sacrificios.
Se inicia así otra etapa en la vida de la Madre Fundadora. En 2005, luego de agravarse su salud y ya casi recuperada, se traslada a vivir al Convento San José y Santa Teresa, y desde ese momento guía como Superiora la vida del Instituto, para gozo de toda la Comunidad.
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